nichts war für dich

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Er legt die Nadel auf die Ader
und bittet die Musik herein
zwischen Hals und Unterarm
die Melodie fährt leise ins Gebein
Er hat die Augen zugemacht
in seinem Blut tobt eine Schlacht
ein Heer marschiert durch seinen Darm
die Eingeweide werden langsam warm
Nichts ist für dich
nichts war für dich
nichts bleibt für dich
für immer
Er nimmt die Nadel von der Ader
die Melodie fährt aus der Haut
Geigen brennen mit Gekreisch
Harfen schneiden sich ins Fleisch
er hat die Augen aufgemacht
doch er ist nicht aufgewacht
En los últimos meses he tenido cientos de historias que contar, muchos discos que reseñar, miles de pensamientos que compartir y decenas de momentos de los que me hubiera gustado hablar. La forma en la que he llevado mi vida en este año en general no me lo ha permitido y en esos rayitos de tiempo libre que tengo, no me he sentido ni con la inspiración ni con las ganas de hacerlo, cada día que pasa estoy más aislada, soy menos quien solía ser y por alguna extraña razón eso no me incomoda sino todo lo contrario.
Para no variar la mala costumbre de no terminar algo que empiezo, jamás hablé sobre la Kieler Woche, ni de lo que pasó con aquél post borrado, ni de mi frustrado experimento con el alemán, y eso que no me estoy metiendo con la imposibilidad de argumentar algo medianamente poético en mi vacío cuaderno. La verdad es que he estado exhausta, he llenado mi vida con muy pocas cosas que no sean trabajo, y eso le incomoda a todo mi mundo, menos a mí.
Todos los días siento que estoy haciendo algo bueno por mí, labores que se comen la mayoría de mis neuronas y que poco tiempo y espacio dejan para pensar en otra cosa que no sean obligaciones ó compromisos. Frases como “tengo que”, “debo de”, “ahora te marco”, “te mandé un correo”, “ya lo revisé”, “ya lo mandé”, “mañana lo revisamos de nuevo”, “quedo pendiente”, “avísame si te funciona”, “todavía me falta” y “ya estoy en eso” han remplazado mis “quiero” y “necesito”. En lo que hago for a living, la única persona que puede ayudarme es mi jefe, mis demás compañeros de trabajo tienen funciones hiper diferentes y que aunque están relacionadas con lo mío, no podrían hacerlo a menos de que se aventaran unos buenos meses de training. Esto, aunque es razón que me causa oculto orgullo, me estresa demasiado, tengo una responsabilidad tremenda dentro de la empresa y por muy pesado que sea nunca me han dado ganas de tirar la toalla (o por lo menos colgarla un ratito).
Esta semana he escuchado de personas diferentes la necesidad urgente que ven en mí, de “tener mi vida”, que el trabajo no lo es todo, que ¿dónde quedo yo?… y esas personas son algunos de mis mejores amigos, así que no puedo hacer como que le hablaron a la pared, sino tomar esos comentarios y tratar de digerirlos y enfocarlos hacia algún lugar dónde una parte de mí sí los escuche. Por otra parte parece patético pensar que “si no estuviera todo el tiempo o trabajando o pensando en el trabajo”, realmente no hay mucho de vida privada a la que pudiera regresar. La mayoría de la gente con la que trabajo o con la que tengo contacto espera la hora de salida para irse al cine o a cenar con el novio, para ir a visitar haciendas o villas y escoger el lugar donde van a hacer su boda. Los que ya están casados o juntados y tienen una incipiente familia, salen como pedo para recoger a sus hijos de las tareas en equipo, para alcanzar las papelerías abiertas ó luchan para poder ver a sus amigos en algún bar/antro “que les queda lejísimos y se tienen que apurar”.
Ninguna de las anteriores opciones aplican en mi vida… los días que salgo temprano (o sea a la hora que debe de ser), mi mayor ilusión es llegar a mi casa, quitarme los tennis, soltarme el cabello, abrir una cerveza y echarme a ver el siguiente capítulo de “Dexter”, “House MD”, “The L Word” o la serie en turno que esté viendo. Revisar mi correo de la oficina por lo menos una vez más antes de irme a dormir, darme un baño, poner el despertador y comenzar el siguiente día de la misma metódica manera en la que lo he estado haciendo durante todo el año. No pienso en nada, a menos que esté leyendo un libro (por lo menos eso no lo he dejado), mi vida mental corre a mil por hora con un ensordecedor muting que solamente emite algún sonido cuando es fin de semana.
Y ni en ese par de días me salvo.
Revisar el correo de la oficina, corroborar que todo esté bien, checar los ingresos de las pelis, preguntarme porqué X cine no está exhibiendo, pronosticar mi lunes y programar en mi mente todas las llamadas que tengo que hacer, pensar en el formato del nuevo reporte, imaginarme la siguiente estrategia, el nuevo argumento, saber dos días antes que el lunes no podré salir temprano y que más vale que mañana domingo lave mi ropa porque sino entre semana no lo podré hacer. Soy patética lo sé.
Hoy después de muchas semanas, por fin fui al cine. Lo hice sola como acostumbraba, rodeada de parejas y familias enteras, grupos grandes de amigos que se ven para echar desmadre y yo sostenía mi bolsa de palomitas con refresco medianos, buscaba los posters de mis películas, contaba el número de trailers antes de la proyección, me preguntaba porqué pusieron dos veces el de SAW VI, checaba los logos e intros de la competencia, y comenzaba la función. Alguien me preguntaba si el asiento a mi lado estaba ocupado, y que no le servía porque eran dos, me preguntó si podía cambiarme de fila, a la de abajo, dónde estaba ese asiento vacío… y mientras veía su mano sujetando otra, no me moví: le dije que no me movería.
¿Es normal que con un paisaje tan sórdido me sienta tan feliz?
Es muy fácil enfocarte al cien en el trabajo cuando no tienes a nadie a tu lado, cuando nadie te extraña ni piensa en ti. Es muy fácil llegar a casa y encender el televisor para abstraerte de la soledad durante las dos horas que tienes antes de dormir, nadie espera mi llamada ni yo estoy pendiente del teléfono. Es aún más fácil tomar solo media hora para comer cuando tengo dos, pues mientras mis compañeras del trabajo se van a comer con el novio, o con sus amigas que trabajan cerca, yo camino una cuadra a la fonda, platico con las cocineras, me dicen que me veo muy cansada, me preguntan si sigo teniendo mucho trabajo y se esfuerzan en buscarme algo vegetariano con lo que me puedan alimentar. Me pregunto si también ellas ven como me traga la soledad.
Aún con todo esto, amo lo que hago, durante la semana paso por las más variadas emociones que van desde las más bacanes al desasosiego más insoportable. Me la paso hablando con mi jefe, analizando números, regiones, exhibidores y sintiéndome entre super estrella y mujer fracasada cuando alguno de los hombres casados con los que hablo me tiran el perro diciéndome que soy una mujer wow… si… claro… ajá.
¿Es normal que con un paisaje tan sórdido me sienta tan feliz?
En un par de semanas me voy a LA y eso me tiene emocionada, nunca he ido a un market de cine y estoy hecha un manojo de nervios, siento que tengo tanto que aprender, aún tanto por lo qué trabajar. Mientras contemplo mi vida interna y digo, en la madre, cuánta vacuidad. Hace algunos años imaginaba durante horas enteras esta etapa de mi vida pero en mi mente era muy diferente, siempre habría con quién compartirla, alguien a quien contarle todas las pendejadas de mi día y eso cada momento que pasa lo veo aún más lejano, como siempre mi única compañía constante y perenne es la música, sin ella no sé qué haría.
Hay días en que me siento como una maquinita, no me puedo quejar, esta vida es millones de veces mejor que la que hace un par de años tenía. No rollercoaster rides but at least i learned to love myself again.
Al salir del centro comercial, estaba decidiendo entre tomar un pesero o un taxi para llegar a casa. Levanté la mirada para contemplar el billboard que tenemos en esa esquina, revisé mi celular que casi se quedaba sin batería y le marqué a Karen y a Moldoon, les pregunté que harían esta noche… ninguno de sus planes aplicaba para mí. Como si estuviera orquestado se estacionó frente a mí una de nuestras pantallas móviles, le marqué a mi jefe, le dije lo feliz que me sentía por lo que estaba viendo en ese momento: todos los cines de la ciudad que me rodeaban tenían programado el estreno de nuestra película del mes, tenía enfrente un espectacular con aquel “arte final” y frente a mí, en medio de tantos autos estaba proyectándose el trailer, grandote ahí saludándome. Tomé el celular y lo grabé, y aunque sabía que no podría captar lo que estaba sintiendo en ese momento, no pude más que sonreir.
Me acerqué al sitio y tomé un taxi, llegué a casa, abrí una cerveza y encendí la computadora, me puse a escribir.
¿Es normal que con un paisaje tan sórdido me sienta tan feliz?…
PS: Este post va dedicado a Karen, quien me pidió que escribiera.
Publicado el • Oct 17th, 2009 • Categoría: jobwise






Schreiben Sie, bitte

Vielen Dank!
Lo demás, te lo digo luego
Me traes algo de LA *huye
¿¿Me traes algo??, what’s that supposed to mean? tú me vas a traer cositas de Salt Lake City? lo bueno es que tú te vas primero y según como me vaya veré si se me pega algo “y así” jaja.
Jajaja. Yo sí te traeré cosas, aunque sea un copo de nieve
*le ruega. Yo te traeré uno a tí si veo, y bueno, si es que si quieres uno “y así”.
Pero es de que si ves un dreamcatcher es de que yo quiero
Nos vemos al ratón y aclaramos esto, jaja *como si fuera la gran cosa
Normal… Descubrir la magia de lo sencillo en una soledad recalcitrante si no es normal, es delicioso, ¡ENJOY THE RIDE amiga querida!