
Pic by A30_Tsitika
Ya tiene un buen rato que no me aparecía para escribir around here, entre los preparativos del great ocean trip, el desarrollo del mismo y las ocupaciones propias del regreso a la realidad no he tenido mucho tiempo, pero heme aquí puesta y dispuesta a dejar constancia de los happenings europeos.
El día de partida estuvo de locos literalmente, tenía que dejar listas un buen de cosas en la oficina para que no se cayera el mundo porque justo ese viernes tuvimos un estreno en el DF (además de las otras 2 movies que tengo en programación en el interior de la almighty republik) y tampoco me podía desafanar así como así… razón por la cual el martes me traje mi backpack a la oficina para trabajar aunque fuera medio día y lanzarme al aeropuerto después de la hora de la comida con Emelicpues, quien sería mi compañero de viaje hasta la conexión en Madrid.
Después de que me fusilara mi jefe con rayos verde “te odio” neón, me dejó partir con los mejores deseos igual que el resto de mis compañeritos de oficina, todavía tuve que arreglar algunos pendientes por teléfono pero todo quedó chido para que nadie me recordara a mis antepasados aún estando yo a la enormísima distancia. Emelicpues le cayó acá a Coyoacán y tomamos el taxi hacia el Benito Juárez super felipes y con tenis rogando que no nos tocara muchísimo tráfico en el camino porque ya ibamos un poquitín tarde.
Afortunadamente llegamos al check-in con el suficiente tiempo para no hacer filota y poder escoger agusto lugares porque recochino Iberia no permite hacerlo online en vuelos que salgan desde nuestro hermoso país (fuckers!). Ya más relax nos lanzamos a comer al obligado Wings del aeropuerto con sus padres suyos de él que fueron a despedirlo y echarle buenas vibras, nos echamos la chelita festejadora y voilá, el tiempo voló (es que estábamos en el aeropuerto XD) y cuando menos acordamos ya estábamos plácidamente aplastados esperando el despegue.
Nos esperaba un viaje larguísimo de por lo menos 11 horas y muy a pesar de la pastillota de venta controlada que me eché, no pude pegar el ojo en toda la noche, lo único que gané fue una pesadez tremenda y no poder abrir los ojos aún estando más despierta que una chamaca de 7 años esperando abrir sus juguetes el 6 de enero. Con todo y todo el vuelo no se me hizo tan cansado y cuando llegamos a Madrid comencé a despabilarme porque me tocaba enfrentarme a una conexión apresurada en dónde ya viajaría sola a la ciudad de Berlín, me despedí rápidamente de Emelicpues deseándole mucha suerte sabiendo que nos veríamos de nuevo el viernes pero ya en los Países Bajos listos para el primer concierto del grupoderock.

Pic by Angela Radulescu

Pic by Carlos López Molina
Cuando llegué a mi gate experimenté la más grande felicidad pues en el aeropuerto Barajas de Madrid hay zonas para fumadores, que son como cubículos de vidrio donde uno puede echar humo con singular alegría y después de un viaje tan largo de verdad que aprecié el detallazo de inclusión primermundista. Me fumé un par de cigarros y abordé el avión que llevaba a bordo un tour como de 30 señoras españolas de la tercera edad que se veían super emocionadas y no dejaban de hablar de la cantidad de lugares que iban a visitar en la ciudad alemana (que bonito fue ver que me salvé de abordar el avión de al lado que contenía una cantidad similar de chamacos partiendo a un campamento de verano).
El vuelo es de únicamente 3 horas, durante las cuales me dediqué a repasar mentalmente lo que haría al llegar al aeropuerto, pues tenía que buscar la “taquilla” de boletos de autobús y pagar €2.10 por treparme a uno que me llevara a Berlin Hauptbahnhof (la estación central de trenes de la ciudad). Haciendo gala total de mi pseudónimo de pitufo natural dentro del aeropuerto, pues la señalización eran simbolitos de autobuses de diferentes colores y que curiosamente iban a lugares completamente opuestos dentro del mismo, seguí el instinto espacial y los caminitos que tomé fueron los que justamente me llevaron al mostrador donde pude comprar el boleto. En ese momento eran como cuarto para las 8 pm y mi tren salía a las 8.30, así que me comencé a poner nerviosita e histérica porque juraba que lo iba a perder.
Cuando llegó el autobús al que me trepé (8 pm) también fue con la premisa de ojalá que este sea porque sino ya me amolé, pues mi alemán es muy básico y sólo le manejo la lectura intuitiva. En cuestión de 20 minutos +/- y varios stops llegamos al HBF y yo casi que hacía fiesta, casi corriendo entré a la estación pues ya eran las 8.25, el boleto del tren que me mandaron tenía algunas anotaciones en español pero adentro de la estación no era taaan claro, así que en vez de ir a hacer fila al módulo de información me aventuré a las escaleras eléctricas rogando que mis sentidos me estuvieran guiando al lugar correcto… y así fue (aplausos), llegué al andén indicado en mi boletito como si ya me supiera el camino y cuando me detuve frente a las vías iba llegando el tren, las puertas se abrieron justamente en el vagón en donde estaba mi asiento, que… adivine usted: estaba justo entrando. Esta estación es como un viaje al futuro, hermosísima y muy moderna, me encantó aunque solo estuve unos minutillos ahí. Life can be sweet sometimes.

Pic by iLoveButter
Pic by cattleclasstraveler
Pic by Alessio Re
No pasaron ni 5 minutos y el tren ya estaba en marcha, mi recorrido sería Berlín-Hamburgo-Kiel, y por las siguientes dos horas (que es lo que le toma llegar a Hamburgo) no tenía que hacer otra cosa que marmotear, así que me dediqué a disfrutar el paisaje y a relajarme porque la verdad que desde que me di cuenta que mi vuelo llegaría tarde estuve muy estresada pensando en escenarios catastróficos donde me hallaría varada en medio de la enorme ciudad de Berlín teniendo que buscar el hostal donde estaban mis otros amiguis viajantes y llorando por las calles por no haber podido caer esos primeros dos días a ver a mis hermanitos alemanes en Kiel.
El trayecto fue muy tranquilo, tanto que POR FIN me quedé dormida como una horita, me estaba muriendo de hambre y de sed pero no había mucho que pudiera hacer, un día después me enteré que el tren tenía un vagón restaurante (¿ya para qué?) donde pude haber gastado mis primeros euritos en algo benéfico para mi salud mental, física y emocional, shi ashí esh, ni pex. Alrededor de las 10.40 pm el tren llegó a Hamburgo, y ahí sí tuve que poner más atención porque había muchos más “gates”, busqué rápidamente el mío y me dispuse a adivinar cómo se trepaba uno porque estaba aparcadísimo y a esa hora ya no había nada de gente en el andén.

Pic by jurjen_nl

Pic by rich2mode
Eventualmente se activaron mis neuronas, entré y me subí al primer piso del tren porque no le hallé a las escaleras del piso de abajo, arriba no había nadie más que un tipo como a 50 metros de mi (por lo menos eso es lo que yo creía), aventé la mochilota bajo mi asiento y me aplasté cuando de reojo vi que había un condenado homeless feo como la chingada aplastado a un metro de mi espaldita, me empezó a molestar muuuuy mal pedo en alemán y cuando vio que lo ignoré olímpicamente me aventó su más fina vulgaridad en el idioma de Shakespeare. Tenía ya mucho tiempo que no me daba miedo andar sola en la ruta, la neta no sabía qué hacer porque no había nada de gente por ningún lado y pensaba que en lo que sacaba mi mochilota y bajaba al andén, a este tipo le tomaría medio segundo ir tras de mí, yo juré que en 2 minutos me estaría asaltando, snif.
Gracias a Shiva en eso aparecieron dos señoras y se aplastaron frente a mí, bravo bravo albricias albricias, este cabrón se calló pero no dejaba de verme y yo me sentía super incómoda y nada más estaba pensando en mi estrategia para cuando las señoras se bajaran porque nadie me aseguraba que fueran a viajar hasta Kiel igual que yo, efectivamente solo estuvieron como 10 minutos hasta que agarraron sus chivas para bajarse, pero me aventé una movida digna de Matrix para sacar mi mochila y tener mis patitas en las escaleras con las señoras caminando detrás de mí. Encontré las escaleras hacia el vagón inferior y corrí hasta un grupo nutridito de gente donde me pude aplastar-esconder antes de que el fulano me viera, cuando el tren cerró sus puertas y la gente que bajó ya caminaba por el andén lo pude ver afuera buscándome entre la gente… uffffffff. Maldito bastardo itellyou.
Ya con mis ovarios lejos de la garganta y sintiéndome segura, pasó la hora de camino que se me hizo eterna pero traté de olvidarme de la mala experiencia y pensar en que ya estaba cerquita de mi casita alemana y mi Thomas y mi Betti seguro me estarían esperando con los brazos abiertos. Pasadita la medianoche y después de 24 horas de viaje puse un pie en los andenes de la central de Kiel, dónde se respiraba un aroma fresco y húmedo que me hizo recordar cuánto amo esta zona de Alemania y los hermosos días que estaban frente a mí.

Pic by pixelroiber

Pic by Kai Heller
En cuestión de minutos de caminar me encontró Thomas y nos abrazamos y festejamos, prendí un cigarro y atiné a decir 2 cosas: ¿dónde está la desgraciada de tu esposa? y ¡quiero una cervezaaaa!. Nos trepamos al coche y en 10 minutos llegamos a la cancha cerrada donde estaba mi adorada Betti echándose unos drinks con sus amiguis después de su obligado miércoles de volleyball, igualmente besos, abrazos y sonrisas. Me sentí contenta de por fin estar ahí y de verlos después de tanto tiempo, aunque seguía muriéndome de hambre y ya comenzaba a pegar el cansancio.
Alrededor de las 2 de la mañana llegamos por fin a su casa, cené pizza y chelitas en el jardín que seguía un poco mojado por la lluvia, Betti se fue a dormir y platiqué un ratote con Thomas antes de mandarlo a acostar pues al otro día tenía un evento de team building en su compañía, motivo que derivó en echarle muchísima carrilla durante todo el viaje por andar abrazando árboles con todo y su pánico a las alturas. Yo aproveché para echarme a roncar a pierna suelta y reponerme del viaje hasta el mediodía del jueves, tomé un delicioso baño y dejé secar mi cabello al sol (simple placer que siembra tranquilidad en el alma).
Continuará…


Ach, mijaaaa, nos echamos el mismos trayecto, el aeropuerto de Madrid y sus zonas fumadoras, la estación de kiel y el mismísimo trayecto desde alli a kiel, lo único: en tiempos diferentes
Espero y no te hayas empachado con tanta pinchi Paulaner, jajaja.
Siii claro la única diferencia!… además de que YO SI me sé la dirección de Thomas y no creo que es la única persona que vive en Kiel jajajaja.
*no puede evitar reirse de los comments anteriores

Re malo lo que te pasó, chava, pero todo era para que cada minuto en tierras alemanas, antes de llegar a la del grupo de rock, fuera re lindo, aún más aún!
*espera continuación
Esperamos la segunda parte de la crónica…
Orale, que chido hermanita. Al fin conociste las áreas de fumadores del Aeropuerto de Barajas.
Y mal pedo por el fulano acosador. Así hay HDP en todo el mundo que se aprovechan de su condición de varoncitos para demostrar lo poco hombres que son.
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Desafortunadamente hay hijos de la chingada como ese en todos los idiomas, países, colores, etc.; lo bueno es que lo capoteaste chingón y no te vió ni el polvo. Y menos mal que te pusiste en contacto con tu Pitufo Natural interno, si no…?