El siguiente texto es algo que escribí hace millones de años cuando estaba por ahí de quinto de prepa y es malíiiiiisimo, si lo dejo aquí es sólo pa que no se muera. El feeling que me da cuando lo leo es siempre el mismo: soledad… que me acompañaba entonces y hasta el día de hoy me sigue acompañando cuál trillada y fiel compañera. Hope you don’t hate it as much.
“No, no me confundas, no nos conocemos”.
Tal vez yo a ti sí, pero tú a mí no. Estuve esperando por tu llegada por tanto tiempo que no sé si te reconocí cuando te tuve enfrente o fue sólo una equivocación.
Puede que seas alto ó bajo, rubio ó moreno, atractivo ó sin mayor chiste; la verdad hasta el día de hoy, con certeza… no lo sé. Pero si hay algo que sé de ti, es que tengo tantas ganas de amarte y darte todo lo que puedo, que apenas es soportable la vida sin tí.Aún con éstos antecedentes y sin conocerte, te conozco muy bien, somos el complemento perfecto, tan distintos y a la vez tan iguales. Tus cualidades son mis defectos y mis errores tus aciertos. Mientras tú deseas blanco, yo quiero negro, y con tal de llevar la fiesta en paz y ser equitativos, ambos optamos por un intermedio.
Físicamente sólo sé un par de cosas de ti: Tu sonrisa es tan bella como la luna llena, iluminas todo el callejón con ella; al verla mis deseos de dormir y la fatiga se disipan de inmediato. Me cautica el resplandor de tus dientes tan perfectos y tus labios de cerezo. Tus brazos me animan a abrazarte y perderme bajo tu piel por siempre, fundirme en ellos y no dejarte ir jamás.No te emociones, no creas que con tan común artillería me derrotas, es la siguiente la más mortífera de tus armas a la cual no me puedo resistir.- Tus ojos, esos ojos tan profundos y serenos, aquéllos que velan mi sueño por las noches y los mismos que me contemplan con derroche-. Son esos ojos por los que yo pierdo nuestras peleas y celebro tus victorias, esos ojos tan corrientes y en serie que veo en toda la gente, son los broches de oro que me gustan tanto, por debajo de tu frente.
Sé también aparte del físico, que amas con locura, que el amor es vital para tí, y sin él crees que la vida no tiene sentido. Creo que eso es en lo que tú y yo nos parecemos tanto, en lo que somos tan iguales que no sé en donde termino siendo tú y empiezo a ser yo. Que la vida para ti no es ningún juego al cuál hay que subirse y conformarse con el movimiento que se imponga; no, la vida es un juego (si es que se puede llamar así), en que cada quien crea su propia suerte, sus propias ganancias y sus propias caídas. Caídas que son las que nos hacen encontrar la motivación para no claudicar en la empresa que a todos nos aqueja. Benditas caídas, ellas te han hecho fijarte metas más altas, ideales; de hecho creo que nunca había conocido a un ser tan idealista como tú; esperas tanto de la vida o de mí, desilusionarte, lo que más me aterra hacer en mis cinco sentidos, tirarte al suelo.
Tú sabes todo lo que yo te quiero, de esa clase espantosa de amor barroco-renacentista, de la manera idílica en que Bécquer la destribe, nos entendemos tan bien. Yo sé que tú me amas en igual o mayor magnitud, sólo que todavía no lo sabes.Por supuesto que no soy ingenua y también sé que no eres perfecto -y no espero que lo seas-, creo que ese encanto tan irresistible que me provocas radica precisamente en eso, cometes grandes errores y eres algo vanidoso, perfeccionista y testarudo. Tus defectos y virtudes (de los que antes hablaba), te hacen una persona única, rara y preciosa, al igual que los diamantes sin pulir en las frases trilladas. Raras veces das tu brazo a torcer, pero en cambio, sabes reconocer cuando alguien más tiene la razón.
Ya, ya pasó, quita esa cara de asombro. Esa cara que me dice que hoy he sembrado una duda dentro de ti: Te preguntarás cómo es que sé tanto de ti, cómo es que te conozco tan bien, ¡bah!. Sólo te respondo que son cosas que siempre he sabido, un conocimiento antiguo y añejo en mi mente, que ésta noche he despertado sólo para charlar contigo. No sé en dónde lo adquirí, ni porqué, quizás es el rastro que dejaste la última vez que paseaste por mis sueños.
Porque haz de saber que por fin lograste inmiscuirte en mis sueños, lamentablemente no recurres a ellos con la frecuencia que yo quisiera; pero eso sí, ten por seguro que cuando te presentas en ellos, no losolvido por las mañanas, justo unos minutos después de despertar; no, los recuerdo muy bien, sólo por el hecho de que tú estuviste en ellos.
Vienen especialmente a mi memoria aquéllos en que me has llevado a viajar por el universo, hemos recorrido los bosques más espesos interminablemente; también hemos devorado con pasión indecorosa cada rincón de nuestros etéreos cuerpos.
No soy ninguna niña, no creas que he caído en tu juego, mis hormonas no tienen nada que ver con esto, y a pesar de lo que me hayas querido hacer creer, yo lo he investigado, he hablado con Morfeo, él me ha contado todo, te ha delatado y me ha dicho la verdad . Que te le has escapado varias veces hasta entrar en sus terrenos, pero ¡oh! Morfeo tanbueno, él es muy estricto, pero al darse cuenta del placer que me consuelo que me da tu presencia y mi ausencia de miedo se ha hecho de la vista gorda y nos abandona en el lienzo de colores que son mis sueños.
¡Vaya!, pero que tonta he sido, he olvidado por completo el motivo de esta plática, te tengo que informar sobre lo más reciente en mi vida. Hace unos días te he visto, al fin te has materializado frente a mí… y fuí tan feliz.
Era un Domingo por la noche, te vi en una calle, solitario y estático permanecías bajo la lluvia, protegiéndote de ella bajo una sombrilla, y vestías ropa deportiva (tu clásica vestimenta del día).
Al verte sentí que no estaba loca, que el intruso en mis sueños, sí existía, que no eras una visión. Enfoqué mejor los ojos que la miopía consumé día tras día para estar segura que eras tú a quién yo veía. Las confusiones cruzaron mis neuronas, quería correr, gritar y preguntarte: “¿dónde andabas?, he estado preocupada por ti y te he extrañado tanto”. Era enorme mi nerviosismo y por ende mis piernas no respondían.
Sí, sí, ya sé. Te preguntarás de nuevo cómo sabía que eras tú… Pues no, no lo sabía, era algo dentro de mí lo que me lo decía. De pronto me miraste y cuando lo hiciste volví a sentir tu sonrisa, esa sonrisa como la luna por la cuál ya te he halagado antes, esos brazos tan fuertes y seguros que fueron hechos sólo para abrazarme; y tus ojos, esos ojos tan profundos y serenos.
Fueron ellos los que me confirmaron que eras tú, nadie más puede mirarme de esa manera, echar fuego por la mirada de esa forma; esos ojos que me queman y me diluyen, son los ojos de ese hombre, del dueño de mi voluntad y mis deseos. Tú eres ese hombre, tú posees esos ojos que yo anhelo.
No sé cuánto tiempo transcurrió, quizás fue sólo un segundo, un minuto, eso es lo de menos. Sólo sé que al regresar a la lluviosa realidad yo corría con una fuerza indescriptible hacia ti, mis piernas al fin respondían con ligereza y hasta agilidad cuasi-olímpica. Al llegar junto a ti te besé, y te abracé con todas mis fuerzas para jamás dejarte ir. Ahora sí, por fin había llegado mi momento, nuestro momento, ese instante se sentía una eternidad; paulatinamente recordé nuestras largas charlas y aventuras oníricas, y con más ansias aún te besé. Si éste era un sueño no quería despertar, tus fríos labios como la lluvia y tu pecho palpitante por mi calor.
Pude haber permanecido así hasta el fin de lo infinito, pero en las leyes de los días citan que todo lo bueno tiene un final, y entre la llovizna un relámpago me despertó de la fantasía: todo sucedió tan rápido; no lo podía creer, debió ser una broma cruel del destino hacerme pensar que eras tú, era tu mis ma voz y tu mismo pelo, tus manos y tu cuerpo, justo como lo veía en mis sueños.
Me retiraste bruscamente de tus labios y tu pelo, de tus manos y tu cuerpo, yo no aguantaba el deseo de mirarte, abrazarte y evaporarme en tu aliento. Sólo algo venía a mi mente: y fue entonces cuando te pregunté: “¿Acaso hay algo mal en lo que he hecho?”
Y contestaste cortando el silencio…
“No, no me confundas, no nos conocemos”