
Photo by: noone
And when the demons of my mind, come to claw for table scraps tonight,
i shall kill them one by one… and feed their corpses to the sun.
Algunos días, como hoy, argumento en mí sobre todo lo que no he escrito, todas esas palabras que revolotean dentro de mi cabeza. Me pregunto porqué no lo escribo, diferente o igual a porqué no lo publico. Es tan falso decir que no lo pienso, o quizá aún peor que falso es indigno asumir que no está dentro.
Hay un fragmento denso y hasta obscuro fundido en mi ser, flota y repiquetea en el laberinto de las ideas absurdas e incompletas y habla un lenguaje ajeno ralo y cotidiano, pero poco práctico para lo fatídico de afuera, de lo que afuera soy en mí. ¿Qué tal que comenzara a escribirlo?, ¿qué tal que comenzara a publicarlo?… ¿cambiaría en algo quien soy o quien fuí?, ¿o tan solo acentuaría la imagen de lo que parece que soy, de lo que quiero pensar de mí?.
Fehaciente el experimento que impronta todo lo que es per se vivencial. Pues no hay a quien permita vislumbrar esas intrigas y cuestionamientos que respiran, comen y viven de mí. ¿Acaso no ha habido quien fuere apto para dejarle ver aquello que de facto hay ahí?. En el abismo ese, de lo obscuro y denso, hay ramales perennes de ideas, tantos que llego a sentir que la imagen voluble de mis fotografías no es fiel dibujo del ánima desbordante en sí.
¿O qué y quién deliberadamente decido argüir que soy, seré o fui?, las voces que hablan de mí desde allá, desde dónde el todo y la nada están, no delinean ni por kilómetros de error la verdadera forma que traza esa densidad. Y comienzo a discurrir en qué tanto he guiado esos lazos que malentienden mi tempestad. Sólo para salvar mis texturas, mi identidad, para no tener el alma hurtada, que aunque no expuesta sin caretas a la realidad… carente de mapas ella (toda de sí), fantasea con la certeza de qué coordenadas abrazar o asir.
Repta tan segura que comienza a tocar lo que carece de cuerpo y lo toma, y respira lo que no tiene aroma y se ahoga… o saborea el dulcísimo azúcar sin lengua, que quema. Tan improbable como morder lo incorpóreo y tan risible como lo son estas líneas, afirmo que la sangre de lo que existe vivo no corre de empuje, más levita apoyado en sendas muletas -a mano hechas-, de caducos y quebradizos palillos de madera.