Escrito el 25 de may de 2006

Body craves to be touched (I)

Yo te esperaba. Terminaba de acomodar cada uno de los cojines del sillón rojo que está frente al televisor. En realidad todo el departamento estaba limpio, justo esa mañana había visitado la chica del servicio y como siempre había puesto cada cosa en su lugar y la mesita de centro por más que jalara aire no tenía ni una pizca de polvo encima.

La comida no tardaría en llegar, ya la mesa estaba puesta y a pesar de que ya eran más de las 10, llegarías por lo menos con una hora de retraso. Fecha especial no era, pero por alguna razón que no recuerdo toda mi piel temblaba como si me hubiese querido comer el tiempo y apresurar cada segundo que marcaba el reloj para finalmente verte atravesar el marco de la puerta.

Por esa misma razón que no recuerdo yo no vestía lo de siempre, al contrario; pareciera de nuevo que había algo en verdad que celebrar, pues mis piernas hacían gala de presencia en una falda negra bastante ligera, que seguramente ese día había estrenado después de recolectar edad durante meses en el armario. Usaba también una blusa de seda casi transparente color vino, si no fuera por la ropa interior hubieras podido ver hasta mis venas.

Para completar la imagen mis pies reposaban sobre tacones muy altos, que recuerdo eran bastante incómodos, pero qué mas daba?, si eran tus favoritos y le hacían una gran silueta a mis piernas. Cabello suelto, maquillaje perfecto y un toque marcado de perfume dejaban mi huella en cada habitación.

Llovía a cantaros justo cuando llamaron a la puerta y un chico con una gabardina amarilla bastante mojada me hacía entrega de una bolsa llena de rollos de arroz con pescado crudo y varios paquetes de palitos de madera. Honestamente moría de hambre, y cuando ví que pasaban ya varios minutos de las 11 casi me arrepentí de no estar en pijama cenando sentada en el sillón rojo viendo las noticias.

Pensaba que debía llamarte para cancelar la cena, saciar mi hambre y correr a dormir, cuando escuché el cerrojo de la puerta y tu ronca voz casi gritando “amor, ya llegué, estoy hecho una sopa, me voy a cambiar”.
Rápidamente salí de la cocina, no sin antes poner en su lugar el inalámbrico; y te vi parado en el pasillo. Bien sabes que si hay algo que me mata es el olor a lluvia, que aquella noche -por si no fuera suficiente- se mezclaba con esa loción que me fascina, el aroma del sudor de tu frente y los inciensos que reposaban junto al sillón.

No sé qué cuánto tiempo pasó, una corriente energética me atravesó completita desde los dedos del pie hasta las raíces del cabello. Y el hambre se fue.

Me acerqué a ti feliz, y te saludé como siempre solía hacerlo, puse mis muñecas detrás de tus hombros y con los brazos bien estirados para verte fijamente, pude ir acercando lentamente mi cuerpo. “Hola” -te dije-, te di un beso y me alejaste suavemente diciendo, “estoy empapado, no quiero arruinar tu blusa, dame un momento“.

Ahí, justo pasando la puerta, en afán de no estropear la alfombra: primero salió el saco, luego los zapatos, después los calcetines, la corbata y el cinturón. Cuando seguía el turno del pantalón te detuviste y me preguntaste “¿porqué tan guapa?, si es cena formal iré a ponerme una camisa limpia a la habitación“.

Yo te miré de la forma más burlona que pude mientras te oía quejarte del tráfico, hablar sobre como no encontrabas una toalla en el baño, cómo la gripe te tumbaría seguramente y que por ningún motivo dormirías con el cabello húmedo. Supongo que notaste que empezabas a sonar como todo un abuelo y antes de abrir la llave de la regadera me miraste en un tono fanfarrón como queriendo saber que pasaba por mi mente, pues desde el “Hola“, yo no había articulado palabra alguna.

Cuando por fin te quedaste callado, saliste del baño, te recargaste en la pared copiando mi exacta posición. Me veías de pies a cabeza y abriste la boca como para decir algo, más tu voz no apareció. Permanecimos ahí, recargados en la pared durante más de 10 minutos, viéndonos, mirándonos, sólo observándonos. Como si nada importara ya, como si fuera la primera o la última vez después de cien años.

to be continued…