Bailando por una manda
Esta semana, ¡POR FIN!, me llegaron los papeles que fui a conseguir a Michoacán hace algunas semanas, lo cuál me dio singular e inconmensurable alegría. Razón por la cual me he acordado que jamás hice el post correspondiente a la visita Tacatzcuareña o Tacatzcuarense, como se diga.
Lo más importante y embarazoso del asunto fue mi experiencia no-laica, pues justo en la fecha en la que fui se celebra el conocidísimo, famosísimo y ultracatólico día de “San Antonio”, pero ohhhh yo hereje secular lo ignoraba o simplemente me daba exactamente lo mismo, lo chido de la situación fue que precisamente por eso mi prima Yaquelin andaba por aquellas tierras y pude ver a mi pollito.
La cosa estuvo así: Lancéme a la localidad en cuestión con mi madre (ella si iba al festejo por el día del Santo), hice un poco de research sobre el tema de mi tesis que por enésima vez en la historia fue cambiado por razones espantosas que no recordaré aquí. So, ya con todo definidísimo y yo feliz (ahora sí con el tema a desarrollar me explayé y di rienda suelta con gente que le sabe al asunto de las remesas y la historia migracional del pueblo, etc, etc, etc. Así que estuve bastante entretenida en esos dimes y direntes hasta que llegó mi prima y toda la Academia pasó a segundo plano por estar en la baba siguiendo los pasos (bueno, pasitos) de mi pollo.
No contaba yo con su astucia y mala fé hacia mí, pues no me pregunte ud. cómo querido lector pero utilizó las más avanzadas técnicas de tortura institucional (está super in esa palabra, pregúntele a Fox), para convencerme de participar en la celebración a San Antonio.
Es de la gran mayoría de mis lectores sabido que quien escribe estas líneas no profesa religión alguna, mucho menos el catolicismo. Por lo cuál mandé a mi querida prima a rechiflar a su flauta de primera entrada, pero decía yo, los métodos de tortura que utilizó plagados de metales oxidados decimonónicos, no me dejaron otra opción más que aceptar.
¿De qué se trataba unirse a la celebración de San Antonio y cuál fue el argumento intimidatorio usado?
“Ándale primita yo voy a bailar, no me dejes morir sola, yo sí lo haría por ti”
(añada cara chantajista en alta concentración y un pollo sonriente en los brazos de la chantajeadora)
Pa no hacer el cuento aún más largo de lo que ya es y será, les resumo que me convenció con una noche completita de esa frase repetida en decibeles diferentes y susurrados durante mi sueño madrugador. Así que, sin ejercer mayor resistencia, terminé cediendo y me dediqué a cuestionar de que se trataba esa cosa rara autóctona y eclesial a la que se refería mediante el término “bailar”.
No sé ud. querido lector, pero yo “bailo” en un bar, en un antro, en una fiesta, en el gimnasio, en mi casa, es más hasta en la calle… pero en una iglesia?????????? jamás aberración ocurrióseme ever before.
La cosa estaba así, yo yo yo YO, tenía que vestirme de guare…
EXCUSE ME… ¿DE QUÉ?, disculpe que le siga inquiriendo lector, pero ud. sabe p’urhépecha????? yo nooooooooooo. Pues en esta lengua indígena guare significa mujer (ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh aplausos), si yo no hubiese pasado tooooooodos los diciembres de mi vida en el mencionado pueblo, probablemente no sabría a que se refería aún teniendo la traducción de la palabra (pero el pedo aquí es que aunque me hacía güey si sabía lo que malvada mujer quería de mí, el significado de la palabra para alguien común y corriente no aclara nada, ya que según yo aunque no me cuelgo el molcajete de la femineidad tampoco me visto de hombre, so vestirme de guare me hubiese parecido altamente pleonásmico. La onda es que ps sí, sí, sí, sí… sí sabía que era vestirme de guare. Ahí le va querido lector, espero que supere el trauma que pronostica la siguiente imagen:

Y piensa la niña… “jefa préndele a la video que tu hija está en la tele”
Nel, no las conozco, ni sé quiénes sean, pero ese no es el punto. Este post está a punto de terminar con mi reputación: this is the end of Fari as you know it.
Verá querido grupo de escasos pero chidos lectores, mi prima fue el día de San Antonio, porque debía una manda, cosa extravagante de la religión católica que hace que chantajees a tu Santo favorito en la variante opción romántica a) “si Juan Armando Pedro Nezahualcóyotl, no me pide que me case con él vas a estar de cabeza todo el mes querido San Antonio” o la opción desesperada b) “oh querido San Antonio haz que mi tío Pepe salga poca madre y pueda caminar después de la operación de la columna a la que se verá sometido esta semana y te prometo que te voy a ir a bailar al pueblo”… adivine cuál fue la que utilizó Yaquelin.
So, aunque yo no hice la dichosa manda por la razón agnoatea ya expuesta, también el tío Pepe es mi tío y también yo medité (diferente a oré por su salud aquella tensa y dramática vez de la operación. Así que entendí perfectamente que quisiera corresponderle al guapo San Antonio pagándole la manda debida.
Pero: ¿qué culpa tenía yo?, ¿y ahora, quién podría ayudarme?
Habían llegado ya bastantes autobuses foráneos al pueblo con gente que iba a la celebración a pagar sus mandas, o simplemente aprovechando para visitar a su familia y presenciar la fiesta religiosa. Yo ya había escuchado hablar del día de “San Antonio” a lo largo de mi corta vida, pero no tenía mucha idea de lo que se trataba en sí, ni a lo que se refería el concepto de bailarle. La noche previa al día-D, me encargué de que me explicaran totalmente en que consistía.
Y bien, la cosa estaba así: Había que bajar (la plaza y la iglesia principales están en una meseta, pero en sí el pueblo está edificado en una pendiente), hasta la entrada del pueblo, dónde hay un arco de imitación ladrillo de un bonito que ya quisieran los monumentos de Solidaridad.

Ahí se congregaría la multitud celebradora, las mujeres vestidas de guares, los hombres de inditos (así les dicen, yo qué, varias bandas de viento (música señores), y el Sacerdote guiaría la procesión cuesta arriba hasta llegar a la Iglesia de San Antonio (olvidé mencionar que la fiesta es precisamente porque el pueblillo tiene una church dedicada al Santo con todo y leyendas integradas). So serían varias horas bajo el insoportable rayo del sol, con una humedad espantosa -tiene tantos millones de años que no iba fuera de la temporada decembrina que había olvidado lo húmedo que es el lugar en estas fechas-. Possss bueno, subir hasta la Iglesia BAILANDO, no caminando, no brincando, no corriendo, BAILANDO. Y de una manera por demás folclórica al ritmo de las diferentes piezas musicales que ejecutarían magistral o mediocremente según el caso, las bandas que acompañarían a la comitiva.
Terminé esa noche de aceptar mi derrota y acordar participar en el evento. Así que nos levantamos el día-D bastante tempranito, porque unas auténticas mujeres p’urhépechas de una localidad cercana nos tenían que vestir, el traje típico bordado completamente a mano es toda una artesanía así que lo rentan porque es impagable tener uno a menos que le ahorres duro (el ajuar completo anda por ahí de los 8,000 varos el sencillito). Llegamos a casa de mi prima Carla, dónde se citó a las señoras y a los pocos minutos empezó el desastre nacional…

Noten mi cara de extrema felicidad y ansias locas:

Cuando por fin estuvimos vestidas, fue momento de maquillarse lo peor posible aunque el sol hiciera su trabajo de derretir el empaste, las instrucciones fueron: “tú maquillate lo más ranchera que puedas, de eso se trata”. Así que hice gala de las sombras azul riviera francesa y me di la embarrada de mi vida, me colgué los aretes más feos que le encontré en la colección a mi prima y acepté con desasosiego que estaba a unas cuántas horas del acto más hipócrita de mi vida.
A eso de las 10.30-11 de la mañana ya estábamos muy puestas formadas en la procesión, que cuando llegamos ya congregaba a buena parte del pueblo, entre participantes y participantas, y los moradores cábula preparados con hartas cámaras de fotografía y video. Nuestra familia esperaría que pasáramos por la plaza agustamente sentados para saludarnos y en secreto burlarse de nuestra osadía.
Soooo, la onda empezó, y está de más decir que jamás me había sentido tan observada. Tenía yo que ir bailando, repartiendo comida y aventando confetti (ya, por favor dejen de reírse), todo al mismo tiempo, eso sí es multitasking y no jaladas. Después de haberme puesto morada del oso durante los primeros minutos, llegó a mi la resignación y decidí disfrutar lo que estaba haciendo. Además que odio admitirlo pero la fé y la devoción con que las niñas, muchachas, señoras y abuelillas bailaban se me pegó y el aire respirado era de los más chidos en mucho tiempo. Muero de pena en admitir que varias veces durante el recorrido estuve a punto de llorar, me dio mucho mucho mucho mucho sentimiento, para mí Michoacán y ese pueblito siempre han sido mis raíces a pesar de que nací en Chilangolandia y nunca he vivido allá, pero me dio un no sé que-que qué sé yo y mi ser entero estaba siendo parte del festejo.
Cuando llegamos a la plaza dónde estaba la familia burlona-inquisidora-apoyadora le dieron a Yaquelin a mi pollito que estaba vestido de indito (again, no lo inventé yo) y lo cargó todo el camino hasta la Iglesia, el pobre tenía una cara de espanto que parecía que su alma no tenía consuelo ahí, supongo que fue por el altísimo escándalo que proveía la música y la enorme aglomeración popular lo que lo tenía tan espantado. Una vez que llegamos a la Iglesia, hubo que entrar a la misma bailando y ahí si de plano no aguanté las lagrimuchas (qué pedo conmigo eh). Es contagioso el fervor y andaba yo de muy buen humor pero ya mi cuerpo no daba para más, pues tardamos casi 3 horas en avanzar una distancia que en momentos normales no te lleva más de 15 minutos. Después de que toooooooooooda la peregrinación entró a la Iglesia, que ya estaba a reventar por lo que solo entras bailando y te sales, comenzó la misa.
Yo a eso si ya no le entré y me quedé afuera echándome un cigarrito con mis primas(no puedo imaginar lo kitsch de esa fotografía, como no me la tomé. Al terminar el Sacerdote de echarse el verbo que se haya echado, volvimos a entrar a la Iglesia y estuvimos ahí bailando como media hora, obvio yo F-E-L-I-Z.
Entre todas las mandas que le deben al Santo, cabe destacar los pagos a las mismas. Había ene cantidad de arreglos florales, la música (pagada por algún deudor), y cagadamente muchísima gente subida en los techos de las casas que están alrededor de la iglesia aventando cuanto artículo de cocina existe… no sé como se me olvidó preguntar porque precisamente cosas de cocina. También regalaron muchísima comida, dulces, había piñatas, etc. Y justo en esas andaban cuando a lo lejos habia una señora aventando chocolates, y mi prima Carla me dijo, “mira tú, chocolatera número uno, acércate a esa bolita pa que agarres unos Bocadines”, yo… agnoatea irreverente recuerdo textual mi respuesta: “mira Carla, si San Antonio quisiera que yo comiera chocolates, los están aventando, por ende en la mano me habrían de caer”
Shut the fuck up!!!
Excuso decir que no más de 3 segundos después caían 2 chocolates en mi poder, uno en la mano (sí desmáyome) y el otro en la canasta que traía en el brazo. Las expresiones faciales de mi prima y la propia valían todo el desgaste por la bailada. No haré comentario extra a este suceso, aún me dan escalofríos de recordarlo.
La frase cagada de guerra de ahí en adelante fue “si San Antonio quisiera tal cosa, ergo, la tendría” risotadas eternas durante el día haciendo alusión… Brincándome mi agnoateísmo cuando entramos a la iglesia a bailar pasaron muchas cosas por mi mente y la verdad no me he querido preguntar porqué lo hicieron pero sólo puedo decir que todo lo que hice ese día me unió más al pueblo dónde no nací ni resido, pero que llevo en la sangre y en mi mente académica cada día de esos en que quiero algo mejor para mi país.
Esa tarde cuando por fin nos quitamos los pesadíiiiiisimos ajuares (lo había mencionado? eran rollos y rollos de tela envuelta que hacían las veces de fajas debajo de la falda y blusa), salimos corriendo a tomarnos una chelita y a dormir para retomar fuerzas, pues en la noche habría más festejos, castillo pirotécnico y el folclórico torito de cuetes que tanto hace correr a la población.

Ya pa terminar solo les digo que me la pasé increíble pese a mis propias apuestas de sufrimiento bailarín, y es algo que encantada de la vida repitiría en el futuro por el puro placer de hacerlo (haya o no chantaje sentimental de algún adorado miembro de la familia). Ahora sí… búrlense. ¿Y qué, y qué?, al fin que ni me importa. Abur !
Publicado el • Jun 8th, 2006 • Categoría: Michoacán, boludeces, happiness, travel


