
La madrugada del domingo todavía medio pedona salí hacia Acapulco por fin y regresé apenas hace algunas horas. No tengo mucho que decir sobre este viaje, porque me cuesta mucho trabajo asimilar el efecto que ha tenido en mí. Sólo puedo comentar para extrema felicidad de quienes me quieren que estoy mejor, fueron 4 días de mucho relax, mucho mar, mucho sol (los 2 primeros ardientes y los otros 2 nubladones gracias al Huracán John), pero sobre todo mucha introspección.
En estos días le grité muchas cosas al mar, saqué de mí toda la furia y la porquería que ha acumulado el dolor del desamor y la mentira y fue tan liberador, todas las cosas que me hubiera gustado decir se las dije al mar y son palabras que trilladamente con todo mi enojo y frustración cálida y pausadamente se llevó el viento. Ayer me reconclié con el profundo mar, le canté las piezas de mi alma que más esperanzas tienen e hicimos las paces, enjuagó las lágrimas que no he llorado y las que lloré por decenas y cientos y miles… y lo amé. Amé estar de pie después de esta larga batalla, amé cada célula de mi piel y amé respirar esa brisa divina. Amé pues, que amo y que amaré, y que siempre antes que en nadie, debe estar en mí la fé.
Y el sol… me dio más de lo que le pedí. Se postró sobre mí como una medicina de pésimo sabor, me quemó por completo para sacar la nueva piel que dormita dentro de mí. Me jaló del inerte espacio dónde estaba y cubrió tiernamente las abiertas heridas para que las contemplara. Y pensé en todo y en nada. Y sufrí al recordar y al imaginar cosas que no debía. Y mucho dolía. Y poco curaba. Y mucho aprendí de mí y de quién soy, y a pesar del intenso dolor que sentía, con todo y todo más me amaba. Ni yo tenía idea de que tan profundas son las raíces de lo que siento, y aunque las flores hayan sido salvajemente arrancadas aún hay vida dentro. Mucha, mucha, mucha… mucha vida dentro. Me fascina amar como amo, pero de ahora en adelante siempre YO primero.
Estoy tremendamente agradecida con las oportunidades de los nuevos comienzos y la realización de éstos, estoy agradecida con mi hermosísima familia y con mis amados cuadernos. Amé las rolas guapachosas de la Z que fueron el soundtrack de este viaje, amé escuchar music for zen meditation trazando imaginarios momentos en el caliente aire, amé a la fan número 1 de la fea más bella y a la gordis y a la amazona del triángulo desbordante. Amé el hotelazo y la albercota con cascadas relajantes. Amé la pasta a los cuatro vientos y a la lluvia inesperada de huracanes. Amé mi piel quemada que promete pelarse. Amé a la vocalista y sus quejumbrosos mensajes. Amé la verde vista y los pájaros inquebrables.
Pero más que nada amé mi fuerza y mis ganas de salir adelante… amé las lágrimas que no llore y las que por él solté no por una, no por cien… sino por millares.
Gracias por todo Yola. Eres uno de los tantos soles que tu Dios me ha dado para salir pasito a pasito con la frente en alto, orgullosa de ser quien soy y caminar siempre pa’lante. te amo con todo mi corazón que se encuentra en lentísima pero segura recuperación.






