26 de mayo de 2006

body craves to be touched (II)

Tus ojos sobre mí pesaban como un yunque, y sin poder evitarlo el nerviosismo se apoderó de mí, parecía que tus pupilas echaban fuego y algún obscuro pensamiento habitó tu mente. Como una completa tonta me eché a reír y no pude sostener la vista ni un segundo más en tus ojos negros. “¿Tienes hambre?” -pregunté-, fijando mis ojos en la alfombra y la punta de mis tacones, pero no contestaste, es más; hasta podría apostar que no parpadeabas, tus facciones se endurecieron de tal forma que por un segundo pensé que no eras tú quien estaba parado frente a mí.

Me di la vuelta y comencé a caminar hacia la cocina tratando de ocultar con mis palabras el estado tan extraño en que me situó verte así (sólo llevábamos un par de meses viviendo juntos y esto era algo nuevo para mí). “Ordené sushi, espero se te antoje porque yo sola no puedo comer ni la mitad”-lo dije sin tartamudear concentrada en que cada palabra que proseguía a la anterior guardara la mínima coherencia-.

Cuando noté que no contestabas volví la mirada y encontré el pasillo vacío, sólo tu ropa tirada frente a la puerta era testigo de que habías llegado ya. No sabes lo inquieta que estaba… de repente, me sentí la presa de un cazador al que voluntariamente le habría entregado el rifle. “Corazón, no es gracioso, dónde estás?, ¿qué no quieres cenar?”.

Salí del hogar de la estufa, las ollas, los sartenes, los manteles y el refrigerador para entrar de nuevo al pasillo detrás del sillón rojo, ahí, dónde tantas veces habíamos terminado haciendo el amor a mitad de las películas que corríamos a rentar al Blockbuster cada domingo. Recuerdo especialmente aquella vez que tuvimos que repetir 3 veces el final de “Luna Amarga” porque no había poder humano que nos hiciera terminar de verla sin -interrupciones-. Lejos estaba yo en esos pensamientos, cuando apareciste súbitamente a mis espaldas, sentí tu presencia detrás de mí, pero no pude (o no quise) voltear.

Abrazaste mi cintura y comenzaste a besar mi hombro derecho hasta llegar a mi cuello -que a pesar del furor convencional a mí no me causa nada en extremo especial comparado al resto del cuerpo-. Yo quería decir algo, ¿qué?, no sé, algo que disipara mis nervios, fue entonces que tu dedo índice rozó mis labios y escuché un “Shhhh” que me dejó impávida y como un maniquí, inerte y a la expectativa de cada uno de tus movimientos.

Olías mi cabello, acariciabas mis caderas y subías esa falda negra en noche de estreno, poco a poquito, lenta pero confiadamente, hasta que tus hábiles manos encontraron el cierre y casi tronaron el botón. En ese momento, mi mente ya estaba en blanco, supe desde el comienzo que no iba a poder zafarme de tus brazos esa noche. Y no es que quisiera hacerlo, sólo que el ambiente que se respiraba era tan distinto que aunque me cueste admitirlo, sentía miedo.

Con los ojos cerrados estiré los brazos hacia mi espalda, hacia ti; quería tocarte, acariciar tu torso y arrancarte la camisa a trozos, pero me di cuenta de que brillaba por su ausencia. En esos minutos de escape mientras caminé a la cocina, te desnudaste por completo y mis dedos ahora tocaban en vez de tela mojada, tu cálida piel y algunos enredosos vellos. Después de acariciar mis mejillas me tomaste por los hombros y sutilmente me diste la vuelta hasta quedar frente a ti.

La falda negra cayó, me abrazaste por completo y tus labios me tocaban con arrebato tal, que sabías que no tendrías que hacer mayores esfuerzos, parecía que te había entregado un certificado de propiedad y sólo dispusieras de aquello que tenía en la piel tu nombre escrito. Iba a botar los zapatos, esos tacones altos que te gustaban tanto, pero por fin abriste la boca para decir algo, con una voz tan enérgica que difícilmente me pude haber negado: “No, déjalos dónde están, quiero verte tal cuál, como si aún me estuvieras esperando”.

to be continued…

25 de mayo de 2006

Body craves to be touched (I)

Yo te esperaba. Terminaba de acomodar cada uno de los cojines del sillón rojo que está frente al televisor. En realidad todo el departamento estaba limpio, justo esa mañana había visitado la chica del servicio y como siempre había puesto cada cosa en su lugar y la mesita de centro por más que jalara aire no tenía ni una pizca de polvo encima.

La comida no tardaría en llegar, ya la mesa estaba puesta y a pesar de que ya eran más de las 10, llegarías por lo menos con una hora de retraso. Fecha especial no era, pero por alguna razón que no recuerdo toda mi piel temblaba como si me hubiese querido comer el tiempo y apresurar cada segundo que marcaba el reloj para finalmente verte atravesar el marco de la puerta.

Por esa misma razón que no recuerdo yo no vestía lo de siempre, al contrario; pareciera de nuevo que había algo en verdad que celebrar, pues mis piernas hacían gala de presencia en una falda negra bastante ligera, que seguramente ese día había estrenado después de recolectar edad durante meses en el armario. Usaba también una blusa de seda casi transparente color vino, si no fuera por la ropa interior hubieras podido ver hasta mis venas.

Para completar la imagen mis pies reposaban sobre tacones muy altos, que recuerdo eran bastante incómodos, pero qué mas daba?, si eran tus favoritos y le hacían una gran silueta a mis piernas. Cabello suelto, maquillaje perfecto y un toque marcado de perfume dejaban mi huella en cada habitación.

Llovía a cantaros justo cuando llamaron a la puerta y un chico con una gabardina amarilla bastante mojada me hacía entrega de una bolsa llena de rollos de arroz con pescado crudo y varios paquetes de palitos de madera. Honestamente moría de hambre, y cuando ví que pasaban ya varios minutos de las 11 casi me arrepentí de no estar en pijama cenando sentada en el sillón rojo viendo las noticias.

Pensaba que debía llamarte para cancelar la cena, saciar mi hambre y correr a dormir, cuando escuché el cerrojo de la puerta y tu ronca voz casi gritando “amor, ya llegué, estoy hecho una sopa, me voy a cambiar”.
Rápidamente salí de la cocina, no sin antes poner en su lugar el inalámbrico; y te vi parado en el pasillo. Bien sabes que si hay algo que me mata es el olor a lluvia, que aquella noche -por si no fuera suficiente- se mezclaba con esa loción que me fascina, el aroma del sudor de tu frente y los inciensos que reposaban junto al sillón.

No sé qué cuánto tiempo pasó, una corriente energética me atravesó completita desde los dedos del pie hasta las raíces del cabello. Y el hambre se fue.

Me acerqué a ti feliz, y te saludé como siempre solía hacerlo, puse mis muñecas detrás de tus hombros y con los brazos bien estirados para verte fijamente, pude ir acercando lentamente mi cuerpo. “Hola” -te dije-, te di un beso y me alejaste suavemente diciendo, “estoy empapado, no quiero arruinar tu blusa, dame un momento“.

Ahí, justo pasando la puerta, en afán de no estropear la alfombra: primero salió el saco, luego los zapatos, después los calcetines, la corbata y el cinturón. Cuando seguía el turno del pantalón te detuviste y me preguntaste “¿porqué tan guapa?, si es cena formal iré a ponerme una camisa limpia a la habitación“.

Yo te miré de la forma más burlona que pude mientras te oía quejarte del tráfico, hablar sobre como no encontrabas una toalla en el baño, cómo la gripe te tumbaría seguramente y que por ningún motivo dormirías con el cabello húmedo. Supongo que notaste que empezabas a sonar como todo un abuelo y antes de abrir la llave de la regadera me miraste en un tono fanfarrón como queriendo saber que pasaba por mi mente, pues desde el “Hola“, yo no había articulado palabra alguna.

Cuando por fin te quedaste callado, saliste del baño, te recargaste en la pared copiando mi exacta posición. Me veías de pies a cabeza y abriste la boca como para decir algo, más tu voz no apareció. Permanecimos ahí, recargados en la pared durante más de 10 minutos, viéndonos, mirándonos, sólo observándonos. Como si nada importara ya, como si fuera la primera o la última vez después de cien años.

to be continued…

24 de mayo de 2006

Rage against our machines

Yo, vomito tu adiós
tus hasta luegos
tus nunca vuelvo
tus medias tintas
y tus aún te quiero

Yo, vomito tus barbas
tus ojos negros
vomito tus manos
y sobre todo, lo sabes
vomito tus largos dedos

Y cuando no te vomito
sólo te pienso y me hago el receptor
para matar y enterrar este asco eterno

Me vomito a mí y a mis intentos
mis blancos y negros
mis aún te quiero
Vomito mis hola y mi débil espejo
que solo refleja tu alta pared de acero

Pero te vomito cuando me adentro
implorando que ahora sí sea
la vez que tanto añoras
esa en que, de facto o de hecho, te dé por muerto

Te vomito pues, por este remedo
por haber tú llamado amor
al simple deseo que tuviste en el cuerpo
Nos vomito hoy, por este remedo
tú cobarde y yo impetuosa
no quedó más que decir, -aún te quiero-.

6 de mayo de 2006

Deriva

Vi mi reflejo en el espejo de cien derrotas
mientras caminaba a tu lado, a ciegas
alojé tus manos y sumergí tu cuerpo
contemplo los pasos que huyen, ya lejos

Albergando el desasosiego más férreo
son los vidrios del suelo traición
me preparan a un gran camino incierto
ir sin brújula, ir sin dirección.

De mis conquistas afloran cien derrotas
es mi decepción, es esta emoción
con la esperanza en esta encrucijada
de no darme a ti, olvidar la sinrazón.

Susurran mis muertos, es solo el preludio
me gritan sus voces, ya es mi adicción
con seguridad el destino es mas turbio
si atrapas mis poros en tu religión

Y cierro mis poros en esta evasión,
y cierro mis poros en esta evasión.

Y cierro mis poros en esta evasión…

3 de mayo de 2006

Dreamcatcher

I choose to live
So much for the tricky road
Remains unknown

I choose to live
No shining lights ahead
They hide from stream

Dropping soft soft soft the tears
Of past times and crushed dead dreams
No matter how long it seems
This day, this bright night, i choose to live

With my Face in my hands
And the spirits lost within
Not for you, not even for me
If i come back, i choose to live

I choose to live when my fears rise
I choose to breathe when fear subsides
I choose to live with fear no more
I choose to breathe and i fear trust

Crumbling fierce fierce fierce the plea
Of letting go what is not here
No matter if my body shrinks
This shell, this fearing soul, i choose to live

I choose to live
I choose to live
So much for the road
That has the stream

I choose to live
No shining lights
No precious nights
No will to breathe

So on and on,
When it is night, when my fears rise

Besides myself, i say amen
Besides our past and all that was

So on and on,
In a neverending path

At last my love
Against my will, against my dreams
For once and all… i choose to leave.